La industria de los medios de pago ha tenido una transformación vertiginosa desde 2019, con la entrada de nuevos adquirentes (como Getnet, Klap o BCI Pagos, entre varios otros). Este hito abrió un espacio real para la competencia, en un mercado históricamente concentrado en un único oferente.
Seis años después, efectivamente existen más actores, pero el modelo opera con claras disparidades. Mientras el e-commerce rápidamente abrazó esta apertura y se sumó al formato de la multiadquirencia, en los comercios físicos –hasta ahora– no han podido dar el salto. Ahí está el freno de mano puesto.
¿La razón? Los comercios presenciales que quieren trabajar con distintos adquirentes enfrentan barreras de todo tipo: técnicas, comerciales y de integración.
Este escenario ha limitado la coexistencia física de varios adquirentes a pequeños comercios, que pueden lidiar con todos los sinsabores y la complejidad de operar con varios POS o PINPAD al mismo tiempo.
Esta figura, deja al operador (mesero o cajero, por ejemplo) la elección de cuál alternativa tomar, lo que hace muy difícil capitalizar oportunidades y prácticamente imposible aplicar cualquier estrategia comercial. Por lo mismo, entre los grandes actores, esta figura es casi imposible de llevar a cabo.
La regulación está, la madurez tecnológica también. Solo falta la tecnología que permita integrar a los distintos adquirentes en una sola máquina (sin que ello implique tiempos de desarrollo extensos, altos costos y/o complejas integraciones) para fomentar la competencia y, por lo mismo, mejorar su oferta de valor. De esta forma, a través de un software especializado, cada comercio podrá establecer sus propias reglas para elegir automáticamente la mejor ruta de cada pago. Según marca de tarjeta, tipo de pago, monto, bines o emisora, por ejemplo.
Por lo pronto, en la práctica los medianos y grandes comercios siguen sin libertad para elegir con cual adquirente quieren trabajar, ni para adecuar su estrategia de costos. Es momento de soltar el freno y acelerar en la dirección correcta, la de la multiadquirencia real, que beneficia a todos: comercio y adquirentes.


